Tan relajante como el sonido de las olas al romper en la orilla, tan alegre como el cantar de los gorriones, tan suave como una caricia del viento, tan libre como un león en su selva... Así es como me siento yo en estos momentos, con ganas de cerrar los ojos y dejarme llevar, que camine si el viento me empuja a hacerlo, que roce las hojas que arrastre tras él, que escuche el suave sonido que emite y el cantar de las aves que vuelan por él, que respire la cantidad de olores que recoja... Quiero sentir que no me dirijo a donde el tiempo me debe llevar, ni a donde yo debo de guiarme. Quiero dejarme llevar y trazar mi camino como yo desee y no como deba. Desearía que no pasara el tiempo para poder disfrutar cada momento con toda intensidad, disfrutar de la juventud, hacer locuras, probar cosas que la gente no crea que están bien vistas pero que a mí me gusten, que me den golpes de locura y chillar, saltar, correr, cantar... Sin miedo a lo que pueda pensar la gente al verme. Quiero poder ser completamente libre de hacer lo que quiera, sin prejuicios y sin murmullos de personas ajenas a mí. Quiero ser yo y que los demás estén de más.
Realmente, las cosas son así, somos nosotros quienes les damos importancia a todo lo demás, si realmente no nos importara la opinión del resto... Haríamos las cosas que deseamos sin pensar en nada más. Y sí, ha de ser así, no debemos de retener las ganas de realizar nada por qué dirá la gente, tenemos que llevarlas a cabo, realizar nuestros proyectos, intentar realizar nuestros deseos e intentar alcanzar nuestros sueños sin pararse a pensar en nada, si salen mal las cosas no pasa nada, de los errores se aprende, y vale más la pena aprender de tus errores que pasarse toda la vida, la única que tenemos, castigándonos con qué podría haber pasado si lo hubiésemos intentado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario