Y hoy, por la noche, me apetece escribir. Me apetece escribir desde mi silla de la mesa del comedor, porque estoy cómoda y a la vez no, porque así me aseguro que no pierdo la compostura y, sobre todo, no pierdo la postura en todo esto. Hoy, después de tanto tiempo, me dejo fluir, dejo que las palabras salgan solas. Sin pensarlas. Que fluyan. No pienso en ellas, puedo prometerlo y cumplir con mi promesa, pero no puedo prometer y cumplir con que no pienso en nada en absoluto. Supongo que siempre estoy pensando, supongo que mi mente no descansa, supongo que simplemente funciono así. Podría decir, asegurar y perjurar que no pienso en aquello que pudo ser y no fue. Podría repetir los mismos pasos asintiendo a que la esperanza se ha evaporado, pero ¡qué tonta e ilusa sería si creyera que por decirlo en voz alta llegaría ser verdad! No, supongo que no es mi estilo. ¿Y cuál lo es? ¿Venimos acaso con un estilo marcado? No lo sé, y si así fuera, tampoco sabría definir el mío.
Esta noche, sin saber muy bien la razón, tiemblo, no tengo frío, aunque mis manos sí noten un ligero helor. Pienso, pienso mucho y, generalmente, pienso en todo. La cabeza me da mil vueltas. Pienso en el universo, en sus planetas y en el número infinito de estrellas que recoge. Pienso en posibles dimensiones y en versiones opuestas a nosotros en ellas, en una yo mala, en una yo friki, en una yo a la que no me gustaría enfrentarme, en una yo música, en una yo de mil maneras distintas, separadas y a la vez unidas en algo común; yo. Pienso en un mundo donde las especies hayan evolucionado de manera distinta, y donde la especie dominante no sea la humana, porque... ¿Por qué no podrían dominar en otro mundo los elefantes, por ejemplo? ¿Por qué no? También pienso en un mundo sin penurias, sin hambre, sin guerras... De nuevo soy una pobre ilusa, pero... que nadie me quite el libre pensamiento ni mi enorme imaginación. Ya nadie habla de estas cosas. ¿Y si hay fantasmas entre nosotros? ¿Y si la versión mala de nosotros se encuentra realmente en esta dimensión? ¿Y si vivimos en una mentira o en un eterno juego en el que las cosas salen bien cuando un niño coge su consola y nos manipula, pero si nos deja a nuestro aire solo cometemos errores? ¿Y si aquello que creemos que nos fortalece nos hace aún más débiles? ¿Y si aquello que crees ver no existe y son meras ilusiones ópticas? ¿Y si...? Me podría tirar una vida entera planteando miles de "y si...". ¿Adónde me llevaría todo eso? ¿A alguien con mis mismas inquietudes? ¿Con mis mismos descerebrados pensamientos? Quién sabe. Tal vez seas tú, quien está leyendo esto y por eso llegues hasta el final de este texto, tal vez pienses: ¿y si no se acabara aquí? ¿seguiría leyendo más? ¿seguiría imaginando más? No sé, dímelo tú. Cuando tu mundo se desmorone... Tal vez pensar en universos paralelos no funcione, tal vez te hunda más, pero ¿y si imaginarlos te motiva a llevarlos a cabo y a que todo mejore? No sé, pero... ¿y si...?
Los pensamientos también hay que exteriorizarlos
martes, 28 de febrero de 2017
viernes, 12 de agosto de 2016
Tormenta
Hoy, mientras oigo al viento soplar, he recordado esas noches de tormenta en las que mis padres se calmaban y sonreían felices mientras se dirigían al balcón a escuchar el melodioso sonido del viento acompañado de truenos y relámpagos que para ellos era como el canto celestial de los ángeles. Eran esas noches en las que el viento soplaba tan fuerte que movía carteles publicitarios, contenedores de basura y farolas, en las que golpeaba tan fuerte a las persianas que parecía que se fueran a partir en cualquier momento, y en las que el viento se colaba por las rendijas de las ventanas mientras emitía un sonido desgarrador. Recuerdo que mientras ellos sonreían felices ante este fenómeno y contemplaban la inmensidad del cielo inundada de lluvia y de luces parpadeantes acompañadas de un sonido que hacía vibrar mucho más que el suelo y los oídos... Mientras que la luz en casa se había ido y por mucho que subiéramos los plomos no cesaba de volver a irse... Mientras todo este caos reinaba tanto fuera como dentro de casa... Mi hermana y yo nos acurrucábamos en el sofá tiritando, muertas de miedo por los rayos y por si les pasaba algo a papá y a mamá que se hallaban más cerca que nosotras de ellos. Mientras ellos sonreían y disfrutaban del espectáculo que estaba dando el cielo, nosotras temíamos por sus vidas y estábamos al borde del llanto sin que ellos se percataran.
Han pasado muchos años desde que estas escenas se repetían. Cada vez que hay tormenta, mis padres ya no salen juntos al balcón a contemplarla. Mi padre ya no abraza a mi madre mientras escuchan el concierto del cielo apoyados en la barandilla del balcón. Ahora, cuando hay tormenta o el viento anuncia que llegará en breves, mi madre, sentada en el sofá o en el balcón, mira el cielo y se relaja contemplándolo, pero ya no sonríe, solo se para a sentirlo; lo mira como si no estuviera aquí, como si se evadiera, pero no sonríe.
Mi padre en cambio, estas noches suele seguir haciendo lo mismo de antes, pero sin mi madre, sale al balcón, se apoya en la barandilla y contempla el cielo. Sonríe, sí, pero ya no es la misma sonrisa. Ambos creen que no lo sé o que no me percato de ello, pero mientras mi madre contempla el cielo sé que imagina una vida paralela, donde no lo tenga todo, pero sí todo lo que necesita sin sufrir, solo siendo feliz; y mi padre, por el contrario, se limita a recordar esa misma situación de antaño, cuando esas noches no las pasaba solo en el balcón, sino que tenía a su lado la mejor compañía posible.
Es irónico cómo cambia la gente y cómo lo que antes te aterraba ahora te puede maravillar. Antes no entendía que a mis padres les encantaran las tormentas, para mí era como el fin del mundo repetido varias veces al año, ahora los entiendo o, al menos, creo hacerlo. Mientras todo tu mundo está tranquilo, mientras la soledad es tu aliada y tu mejor confidente aunque estés rodeada de gente, o incluso cuando tu mundo es un caos pero no te afecta, sino que te sientes aislada de los problemas o simplemente simulas que eres aceite y que por ti ellos se resbalan... Cuando te encuentras en esa situación y entonces se avecina una tormenta que minutos después llega pisando fuerte, llenándolo todo con su presencia y horas más tarde haciendo constancia de que ha estado ahí... Justo en el momento en el que su concierto está en el punto más alto, la nota más grave, la que más se te cuela adentro... Es ese momento en el que sientes que todo tu caos interior se está manifestando al mundo, que todos pueden escucharlo y, aunque tú no hayas abierto la boca, te libera y te relaja. Por eso, mis padres en el balcón a veces cerraban los ojos y se relajaban, dejaban salir todo su infierno interior y los apaciguaba.
Ahora, después de tantos años, adoro contemplar la lluvia, el viento de tormenta es mi favorito y cuando el cielo comienza su función... Cierro los ojos y me relajo.
Han pasado muchos años desde que estas escenas se repetían. Cada vez que hay tormenta, mis padres ya no salen juntos al balcón a contemplarla. Mi padre ya no abraza a mi madre mientras escuchan el concierto del cielo apoyados en la barandilla del balcón. Ahora, cuando hay tormenta o el viento anuncia que llegará en breves, mi madre, sentada en el sofá o en el balcón, mira el cielo y se relaja contemplándolo, pero ya no sonríe, solo se para a sentirlo; lo mira como si no estuviera aquí, como si se evadiera, pero no sonríe.
Mi padre en cambio, estas noches suele seguir haciendo lo mismo de antes, pero sin mi madre, sale al balcón, se apoya en la barandilla y contempla el cielo. Sonríe, sí, pero ya no es la misma sonrisa. Ambos creen que no lo sé o que no me percato de ello, pero mientras mi madre contempla el cielo sé que imagina una vida paralela, donde no lo tenga todo, pero sí todo lo que necesita sin sufrir, solo siendo feliz; y mi padre, por el contrario, se limita a recordar esa misma situación de antaño, cuando esas noches no las pasaba solo en el balcón, sino que tenía a su lado la mejor compañía posible.
Es irónico cómo cambia la gente y cómo lo que antes te aterraba ahora te puede maravillar. Antes no entendía que a mis padres les encantaran las tormentas, para mí era como el fin del mundo repetido varias veces al año, ahora los entiendo o, al menos, creo hacerlo. Mientras todo tu mundo está tranquilo, mientras la soledad es tu aliada y tu mejor confidente aunque estés rodeada de gente, o incluso cuando tu mundo es un caos pero no te afecta, sino que te sientes aislada de los problemas o simplemente simulas que eres aceite y que por ti ellos se resbalan... Cuando te encuentras en esa situación y entonces se avecina una tormenta que minutos después llega pisando fuerte, llenándolo todo con su presencia y horas más tarde haciendo constancia de que ha estado ahí... Justo en el momento en el que su concierto está en el punto más alto, la nota más grave, la que más se te cuela adentro... Es ese momento en el que sientes que todo tu caos interior se está manifestando al mundo, que todos pueden escucharlo y, aunque tú no hayas abierto la boca, te libera y te relaja. Por eso, mis padres en el balcón a veces cerraban los ojos y se relajaban, dejaban salir todo su infierno interior y los apaciguaba.
Ahora, después de tantos años, adoro contemplar la lluvia, el viento de tormenta es mi favorito y cuando el cielo comienza su función... Cierro los ojos y me relajo.
martes, 8 de marzo de 2016
Los abuelos deberían ser eternos.
Cuando me preguntan que si creo en Dios... Digo que no. Pero creo en el más allá.
Sé que no hay nadie todopoderoso que decida nuestro destino ni quien nos ayude en nuestros malos momentos cuando como locos envueltos en llanto nos arrodillamos y suplicamos que nos brinde su ayuda para que todo nuestro mundo mejore. Pero puedo asegurar que en algún remoto lugar alguien nos vigila y nos cuida, un ser al que un día perdimos, pero que sin duda él no nos perdió a nosotros nunca de vista. Que vela por nuestra seguridad, que nos despierta para advertirnos del peligro que nos acecha, que vuela a nuestro lado y nos tiende un brazo comprensivo y pañuelos invisibles para secar nuestras lágrimas en nuestros peores momentos.
No sé si te encuentras a mi lado siempre o solo en ocasiones, no sé si tu lugar está aquí o en el cielo como popularmente se dice, quizás seas alguna estrella de ahí arriba que solo muere cuando debe, cuando en esta Tierra ya no le queda nadie a quien proteger. Sea dónde sea que te encuentres sé que cuando verdaderamente te necesite estarás y que el primero en recibirme con los brazos abiertos el día en que mi vida toque su fin... Serás tú.
Te conocí poco tiempo pero el suficiente para saber que contigo todo habría sido mejor, el suficiente para quererte y el suficiente para echarte de menos.
Contigo reí, hice tonterías, lloré cuando caí y sonreí cuando me recogiste.
Puede parecer que al perderte con tres años sea imposible recordarte ahora, y bien sabe la gente que mi memoria es un asco, pero he de reconocer que si actualmente mi memoria brilla por su ausencia es por empeñarme en recordar esos tres años de oro. Recuerdo tu risa, tu voz, tus abrazos, tu cariño, lo payaso que eras y las muecas tan particulares que tenías que jamás olvidaré porque mi hermana las heredó de ti... Recuerdo cada momento que compartimos en nuestras vidas por increíble que sea y sé que me haré viejecita y no recordaré qué comí ayer o qué hice el sábado pasado, pero sí seguiré recordando tu risa y tu cara al lanzarme por los aires.
No recuerdo el día que te perdí, y me alegro de que así sea, no quiero recordar el día más triste de mi vida, el día en que todo empezó a cambiar, por eso no te puedo escribir estas líneas en el aniversario de tu viaje sin regreso, pero te las escribo ahora que me salen palabras para expresar lo que siento.
Yo no soy de las que en sus días malos se arrodilla y pide a Dios que las cosas cambien, yo soy de las que se tumba en su cama en posición fetal, coge el conejo de peluche que me regalaste y llora en silencio hasta poder articular las palabras "abuelo, ayúdame"; no quiero que alguien sobrehumano cambie mi mundo, te quiero a ti ayudándome a mejorarlo o simplemente a saber sobrellevarlo.
Puede que no te vea, pero sé que estás aquí en los buenos y los malos momentos y poniéndome alerta cuando hay peligro cerca, enseñándome valores en silencio y ayudándome a encaminar mi vida.
Ante todo esto solo puedo gesticular "gracias" y...
Sé que no hay nadie todopoderoso que decida nuestro destino ni quien nos ayude en nuestros malos momentos cuando como locos envueltos en llanto nos arrodillamos y suplicamos que nos brinde su ayuda para que todo nuestro mundo mejore. Pero puedo asegurar que en algún remoto lugar alguien nos vigila y nos cuida, un ser al que un día perdimos, pero que sin duda él no nos perdió a nosotros nunca de vista. Que vela por nuestra seguridad, que nos despierta para advertirnos del peligro que nos acecha, que vuela a nuestro lado y nos tiende un brazo comprensivo y pañuelos invisibles para secar nuestras lágrimas en nuestros peores momentos.
No sé si te encuentras a mi lado siempre o solo en ocasiones, no sé si tu lugar está aquí o en el cielo como popularmente se dice, quizás seas alguna estrella de ahí arriba que solo muere cuando debe, cuando en esta Tierra ya no le queda nadie a quien proteger. Sea dónde sea que te encuentres sé que cuando verdaderamente te necesite estarás y que el primero en recibirme con los brazos abiertos el día en que mi vida toque su fin... Serás tú.
Te conocí poco tiempo pero el suficiente para saber que contigo todo habría sido mejor, el suficiente para quererte y el suficiente para echarte de menos.
Contigo reí, hice tonterías, lloré cuando caí y sonreí cuando me recogiste.
Puede parecer que al perderte con tres años sea imposible recordarte ahora, y bien sabe la gente que mi memoria es un asco, pero he de reconocer que si actualmente mi memoria brilla por su ausencia es por empeñarme en recordar esos tres años de oro. Recuerdo tu risa, tu voz, tus abrazos, tu cariño, lo payaso que eras y las muecas tan particulares que tenías que jamás olvidaré porque mi hermana las heredó de ti... Recuerdo cada momento que compartimos en nuestras vidas por increíble que sea y sé que me haré viejecita y no recordaré qué comí ayer o qué hice el sábado pasado, pero sí seguiré recordando tu risa y tu cara al lanzarme por los aires.
No recuerdo el día que te perdí, y me alegro de que así sea, no quiero recordar el día más triste de mi vida, el día en que todo empezó a cambiar, por eso no te puedo escribir estas líneas en el aniversario de tu viaje sin regreso, pero te las escribo ahora que me salen palabras para expresar lo que siento.
Yo no soy de las que en sus días malos se arrodilla y pide a Dios que las cosas cambien, yo soy de las que se tumba en su cama en posición fetal, coge el conejo de peluche que me regalaste y llora en silencio hasta poder articular las palabras "abuelo, ayúdame"; no quiero que alguien sobrehumano cambie mi mundo, te quiero a ti ayudándome a mejorarlo o simplemente a saber sobrellevarlo.
Puede que no te vea, pero sé que estás aquí en los buenos y los malos momentos y poniéndome alerta cuando hay peligro cerca, enseñándome valores en silencio y ayudándome a encaminar mi vida.
Ante todo esto solo puedo gesticular "gracias" y...
Te echo de menos abuelo.
martes, 15 de diciembre de 2015
Hablaré de mis sueños.
Desde muy pequeña no he parado de viajar, tan pequeña era que tenía pocos meses y mis padres ya habían empezado a enseñarme España. Con 19 años que tengo puedo decir que me encanta viajar, adoro viajar. Con mi edad puedo decir que he sobrevivido a 8 mudanzas, que se dice pronto, y muchos pensaréis: "pobrecita, tan joven y nunca ha estado en un lugar estable". Pues veréis, adoro mi vida, adoro que mis padres se hayan tenido que separar y a raíz de eso yo no haya dejado de mudarme junto a mi hermana y mi madre. Sinceramente, creo que es lo mío. Hoy en día, no sé pasar más de 3 años y medio en el mismo lugar, ya sea la localidad o el centro de enseñanza, 3 años en el mismo sitio me parecen una barbaridad, me agobia. Con 19 años puedo decir que he pisado 8 centros de estudios distintos, en los últimos 4 años he cambiado 4 veces de centro. Y me siento orgullosa. Orgullosa de mí y de mi madre. Gracias a ella hoy soy quién soy, el no parar de mudarme ha hecho que vea las cosas y las personas desde otro punto de vista. Ya no me importa dejar mi vida atrás, ni a mis amigos, ni a la gente que veo a diario, puede sonar lo más triste del mundo, pero a mí realmente me encanta. No me siento atada a ningún lugar ni a ninguna persona y es un paso más hacia la libertad que busco dentro de mí desde hace años. Quiero que mi vida no deje de ser así y quiero que la de mis descendientes sea igual, aparecimos en este mundo siendo nómadas, que alguien me explique por qué ahora ya no queremos serlo. ¿Dónde se ha quedado el misterio por lo que queda por descubrir, por saber qué hay más allá de lo que la vista nos muestra día tras día? No os entiendo, de veras. Vosotros diréis que la vida inestable de una persona como yo... Es triste, para mí, lo triste son vuestras vidas.
Yo en los dos años de carrera que llevo ya he cambiado dos veces de universidad, y lo que me queda, puesto que quiero ir de erasmus a Inglaterra y conseguir una beca internacional para ir a Canadá, y el máster quiero hacerlo en Canarias. Mi sueño es vivir fuera de este país donde nos destruimos unos a otros, donde queremos separarnos mediante luchas independentistas, donde la caridad humana y la bondad se han extinguido, y donde la corrupción y la avaricia son nuestro pan de cada día. Quiero huir. Huir hasta encontrar mi sitio en este mundo, y no quiero parar hasta que las piernas me impidan seguir avanzando. Me da igual si tengo que irme a vivir a México, Brasil, Japón, California o Nueva Delhi, dónde sea, hasta encontrar un lugar donde esté completamente a gusto conmigo misma, con mi vida, y aunque llegue a estarlo no dejar de viajar, quiero ver mundo, conocer sus costumbres, su cultura, su lengua, su gente... No quiero abstenerme de todo y quedarme a vivir siempre en este horrible lugar, que no sé cómo podéis estar tan orgullosos de vivir en él y decir con igual orgullo que sois españoles, porque a mí gritar que soy española hasta me avergüenza. Un lugar donde pasa todo lo anteriormente citado, donde la tauromaquia es tratada como un deporte de clase alta y la mejor de las tradiciones, donde los animales abandonados aumentan cada vez que llegan las vacaciones, donde las protectoras de animales poco a poco caen en quiebra mientras los malnacidos de los políticos se llenan sus bolsillos con dinero del pueblo, donde la buena educación y sanidad han pasado a ser un mito, donde la gente de fuera está siendo tratada mejor que la que es de aquí de toda la vida y están viviendo en las calles rebuscando en la basura qué pueden llevarse a la boca o con qué taparse por las noches para no pasar frío porque el gobierno que tenemos no es capaz de dar suficientes ayudas quitándose de su sueldo miles de euros que realmente no les hacen falta, que sólo los gastan para sus lujos, donde la homosexualidad aún hay gente que la ve como algo asqueroso, y donde que las mujeres reivindiquen los derechos que les pertenecen como personas y se llamen a sí mismas como feministas o feministas radicales esté mal visto...
Señoras y señores, vergüenza debería darles decir con orgullo que son españoles, que viva España, que viva la Constitución y además que no quieran emigrar de este país lleno de mierda "porque aquí se está muy bien" y porque les gusta tener una vida estable. Pues a esto sólo puedo decirles : ¡¡que viva mi manera de pensar y viva mi vida inestable!!
Yo en los dos años de carrera que llevo ya he cambiado dos veces de universidad, y lo que me queda, puesto que quiero ir de erasmus a Inglaterra y conseguir una beca internacional para ir a Canadá, y el máster quiero hacerlo en Canarias. Mi sueño es vivir fuera de este país donde nos destruimos unos a otros, donde queremos separarnos mediante luchas independentistas, donde la caridad humana y la bondad se han extinguido, y donde la corrupción y la avaricia son nuestro pan de cada día. Quiero huir. Huir hasta encontrar mi sitio en este mundo, y no quiero parar hasta que las piernas me impidan seguir avanzando. Me da igual si tengo que irme a vivir a México, Brasil, Japón, California o Nueva Delhi, dónde sea, hasta encontrar un lugar donde esté completamente a gusto conmigo misma, con mi vida, y aunque llegue a estarlo no dejar de viajar, quiero ver mundo, conocer sus costumbres, su cultura, su lengua, su gente... No quiero abstenerme de todo y quedarme a vivir siempre en este horrible lugar, que no sé cómo podéis estar tan orgullosos de vivir en él y decir con igual orgullo que sois españoles, porque a mí gritar que soy española hasta me avergüenza. Un lugar donde pasa todo lo anteriormente citado, donde la tauromaquia es tratada como un deporte de clase alta y la mejor de las tradiciones, donde los animales abandonados aumentan cada vez que llegan las vacaciones, donde las protectoras de animales poco a poco caen en quiebra mientras los malnacidos de los políticos se llenan sus bolsillos con dinero del pueblo, donde la buena educación y sanidad han pasado a ser un mito, donde la gente de fuera está siendo tratada mejor que la que es de aquí de toda la vida y están viviendo en las calles rebuscando en la basura qué pueden llevarse a la boca o con qué taparse por las noches para no pasar frío porque el gobierno que tenemos no es capaz de dar suficientes ayudas quitándose de su sueldo miles de euros que realmente no les hacen falta, que sólo los gastan para sus lujos, donde la homosexualidad aún hay gente que la ve como algo asqueroso, y donde que las mujeres reivindiquen los derechos que les pertenecen como personas y se llamen a sí mismas como feministas o feministas radicales esté mal visto...
Señoras y señores, vergüenza debería darles decir con orgullo que son españoles, que viva España, que viva la Constitución y además que no quieran emigrar de este país lleno de mierda "porque aquí se está muy bien" y porque les gusta tener una vida estable. Pues a esto sólo puedo decirles : ¡¡que viva mi manera de pensar y viva mi vida inestable!!
sábado, 19 de septiembre de 2015
Un mero títere de la vida, cuyas cuerdas mueve un loco.
Querer ser libre... Sin poder serlo. Sentir que todos realmente me conocen... Cuando luego no es cierto, pues jamás sabrán qué es aquello que pienso.
Quiero volar, como un ave en libertad, no preocuparme por nada que no sea YO, mis gustos, mi comodidad, mi verdadera felicidad. No quiero cuerdas que me retengan, no quiero frases que detengan mi camino; esta soy yo y esto es lo que quiero, mi mente es libre de pensar, y aquello que pienso es lo que quiero, lo que ansío.
No quiero barreras en mi vida, desgraciadamente las habrá, pero no me importa, si no las sobrepaso... las derribaré. ¡Basta de cánons, basta del qué dirán! Mi cuerpo me pide esto, ¿por qué no se lo puedo dar?
No quiero diluvios ni torrenciales por aquello que mi alma me anima a hacer desatando mis cuerdas. No deseo que haya lluvias sin fin, solo quiero que mi felicidad no toque el fondo de este pozo cuya esperanza de salir ni tan siquiera me alberga, quiero que mi felicidad vaya en auge hasta topar con la cima de todos los estatus y entonces, solo entonces... Deje de ser un mero títere de la vida, un mero títere de la sociedad, cuyas cuerdas movidas por un loco... Pueda llegar a cortar.
Quiero volar, como un ave en libertad, no preocuparme por nada que no sea YO, mis gustos, mi comodidad, mi verdadera felicidad. No quiero cuerdas que me retengan, no quiero frases que detengan mi camino; esta soy yo y esto es lo que quiero, mi mente es libre de pensar, y aquello que pienso es lo que quiero, lo que ansío.
No quiero barreras en mi vida, desgraciadamente las habrá, pero no me importa, si no las sobrepaso... las derribaré. ¡Basta de cánons, basta del qué dirán! Mi cuerpo me pide esto, ¿por qué no se lo puedo dar?
No quiero diluvios ni torrenciales por aquello que mi alma me anima a hacer desatando mis cuerdas. No deseo que haya lluvias sin fin, solo quiero que mi felicidad no toque el fondo de este pozo cuya esperanza de salir ni tan siquiera me alberga, quiero que mi felicidad vaya en auge hasta topar con la cima de todos los estatus y entonces, solo entonces... Deje de ser un mero títere de la vida, un mero títere de la sociedad, cuyas cuerdas movidas por un loco... Pueda llegar a cortar.
miércoles, 8 de mayo de 2013
Lucha por la persona que te guíe el corazón.
¿Luchar? Luchar solo merece la pena por él, por los demás no vale ni esforzarse. Quien no te busca, no te encuentra, y si es cierto eso de quien te quiere te busca... Esta claro que esta relación no hay sentimientos.
Solo se ama una vez, las demás veces no se ama, se intenta olvidar a quien se ama sin llegar a lograrlo, así que... ¿Para qué luchar por alguien que no amas pudiendo darlo todo por el que si?
Solo se ama una vez, las demás veces no se ama, se intenta olvidar a quien se ama sin llegar a lograrlo, así que... ¿Para qué luchar por alguien que no amas pudiendo darlo todo por el que si?
jueves, 25 de abril de 2013
Papeles.
Es romper papeles con su nombre y con sus recuerdos y sentir que lo que realmente haces es romper tu corazón en pedacitos.
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