viernes, 4 de enero de 2013
Sentirse sola.
Despertarse cada día y ver que no hay nadie más junto a ti. Retorcerse entre las sábanas y encontrarte únicamente al aire. Sales de la cama, enciendes el calefactor, te vistes. Abres la puerta y te diriges a las escaleras, llamas a tus perros para que bajen y los lleves de paseo... Demasiada rutina. Sales por la puerta dirección a los descampados a donde llevas a pasear a tus perros. Te cruzas gente. Es increíble caminar y ver que la gente que te cruzas o te mira de arriba a abajo o con desdén o simplemente se acerca para acariciar a tus perros, porque juegan con los suyos, y para preguntar sus nombres, ¿tan desapercibida soy?, ¿tan poca atención llamo en los demás? No lo entiendo. A fin de cuentas, después del paseo, regresas a casa. Subes las escaleras, saludas a tu madre, a tu hermana y a tu abuela, vas hacia la salita, enciendes la televisión y te tumbas en el sofá. ¿Y ya está? No. La cosa es que llega la hora de comer, os sentáis y piensas que con la conversación que habrá en la mesa te sentirás más social, más querida, por así decirlo, pero no, no es así. Así que bajas a tu cuarto, enciendes el portátil y esperas tener novedades en alguna de las redes sociales en las que estás, pero no, ninguna. Te hundes por momentos. ¿Es que nadie se acuerda de mí?, ¿Alguien recuerda en este miserable mundo mi existencia?, ¿Tan insignificante soy? Por lo visto sí, únicamente un puntito más en este gran universo que crece por momentos. Y pensar que una vez me sentí realmente querida, importante, grande, única, enamorada... Hoy en día eso parece un espejismo dentro de mí, una ilusión que aún permanece, una esperanza de que él vuelva... El tiempo dirá supongo, o simplemente espero que así sea. Y bueno, no nos desviemos, que mi rutina aún sigue. En ese momento es en el que uno de tus amigos te llama y te dice que si sales, sientes por un momento que se acuerdan de ti e inmediatamente aceptas. Unos minutos después te encuentras rodeada de parejitas de amigos tuyos, besándose, riéndose, a fin de cuentas... Pasando de ti, es decir, vuelves a sentirte sola, estás en compañía sí, pero te sientes vacía. Vuelves a casa, te tumbas en la cama y miras al techo, pero no como siempre, intentas sacarle algo nuevo, algo que anteriormente no viste en él, y te fijas en si tiene bultos o no, en que tono blanco está pintado, en sus bordes, en las sobras que proyecta la luz de la lámpara... Y te das cuenta que intentas darle importancia al techo, la misma que te gustaría que te dieran a ti, que no te trataran como a una persona más en esta Tierra, sino como a alguien esencial aquí, en los corazones de muchas personas, de muchas... Pero sobre todo de una en concreto. Y sí, piensas en ella, es inevitable, después de tanto tiempo prácticamente es un impulso incontrolado, como un tic. Y recuerdas esos momentos, esos momentos felices que pasaste con ella, las grandes sonrisas que te sacaba, sonrisas me llamaba... Y recuerdas conversaciones, largas y apasionantes conversaciones de todo tipo, y el apoyo que siempre te daba, como se volcaba en ti, todo lo que te transmitía, todo lo que te hacía sentir, sentir que vuelas y que las nubes acarician tu cara... Es de las mejores sensaciones que conozco, y por supuesto, quién mejor que esa persona para que te haga sentirlas. Pero se acabó, esa persona sigue estando, pero de manera ausente, sabes que aún le importas, pero ya no es lo mismo. Y deseas verla. Deseas tocarla. Deseas tenerla frente a ti y explicarle todo. Deseas recuperarla. Deseas que nunca más vuelva a irse. Deseas rodear tus brazos por su cuello y sumiros en un profundo beso, como si nadie más existiera. Cuantos deseos y cuantos con la esperanza de que algún día se cumplan, pero solo deseas que se cumplan con ella. Y lloras, y te culpas de todo, se te quitan las ganas de cualquier cosa, ¿y qué pasa en ese momento? Que otra vez lo necesitas a él, él era quien estaba ahí cuando lo necesitabas, ¿conclusión? Es un círculo vicioso que nunca acaba, la única solución es él, y quién sabe cuál es nuestro destino y qué pasará con nosotros en un futuro, solamente espero que llegue a ser a su lado, no soy la misma si no es con él, el amor de mi vida, y me da igual si alguien piensa que con dieciséis años soy muy joven para encontrarlo, porque lo encontré y sin duda alguna sé que es él. Te quiero 23.
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